Recuerdos sin almuerzo
Por Gabriel Méndez
Siempre quedan pedazos, migajas o trozos de lo que uno vivió o creyó vivir. Y ahora que nos vemos liquidando los últimos semestres de nuestras carreras, aquí un poquito de lo que viví o creí vivir en la escuela:
1.- El primer día del Kinder Garden se identifica por los lamentos, gimoteos y lágrimas que un niñ@ vierte al verse abandonado ante decenas de otros niños que lloran como él. El mío puede verse como un adelanto de lo que sería mi vida, pues esa mañana, mi padre olvidó que comenzaba mi educación pre-primaria y, tras una hora de retraso, la directora no me dejó tomar clases. Eso sí, al segundo día gimoteaba y lagrimeaba como un niñ@ en su primer día de clases, ante decenas de niños que… ya no lloraban como yo.
2.- La primaria siempre transporta dolorosos momentos. En mi primera semana, hallé al mejor de los amigos. Compartíamos el desayuno, hablábamos de nuestras caricaturas favoritas… A la semana siguiente, en la ceremonia de todos los lunes, lo encontré formado en la fila de otro grupo. Años después, me escribió al Hi5, pero no le contesté.
3.- En sexto de primaria tuve una maestra que decía: la holgazanería, la irresponsabilidad y el desorden son la perdición del país. Ahora, curiosamente, es diputada del distrito XXl, el mío.
4.- Lo grato de participar en el coro de la escuela, es saber que el himno nacional no sólo se canta en eventos deportivos o gubernamentales. También es grato saber que siempre habrá un cantante a quien se le olvide el himno, llámese Coque o Julio.
5.- En cuarto de primaria, me beneficié de un amigo apodado el Narcopanda. Su mote obedecía a que en la hora del recreo, vendía, clandestinamente y a módico precio, panditas, motitas, Miguelitos, paletones…, haciendo frente al monopolio cooperativista de la primaria. Once años después, es líder principal de uno de loas cárteles más poderosos del país.
6.- He descubierto que el programa Tiempo completo, efectuado en primarias e implementado por la entonces primera dama del Doctor Ernesto Zedillo Ponce de Lyon, está destinado a entrenar a los próximos trabajadores del Estado. A saber: ocho horas de labor diaria (sin goce de salario), treinta minutos para engullir alimentos, práctica de manualidades (coser, pintar, lavar), y semana inglesa.
7.- Mi primera novia era parecidísima a la modelo Cindy Crawford. Después de una docena de cartas de amor desesperadas y muchas horas de recreo dedicadas a ella, dijo que sí. Pero las ilusiones se desbordan y las desilusiones nos atacan. Eso no habría sucedido, si los maestros no hubiesen decidido intercambiar los exámenes de conocimiento general entre grupos. Inesperadamente, me tocó calificar su examen. Poco hubieran importado sus calificaciones tan bajas y no aprobatorias, pero escribir cajón con “g”.
8.- Una vez, la maestra de quinto de primaria nos dejó como tarea anual escribir un diario. Yo creí que jamás lo pediría, era un diario, íntimo, personal; sin embargo, lo pidió. Así que pasé todo un fin de semana imaginando y escribiendo un año de mi vida. Ahora que reflexiono, esa vida inventada en 48 horas y compaginada en 100 cuartillas, es la mejor que he tenido.
9.- Mi maestro de carpintería era un veterano en el albur. En cada clase nos mencionaba a sus alumnos: Voy a un entierro. Yo me condolía por tan nutrida desgracia de mi profesor: una muerte por semana. Con el paso de la malicia, descubrí que la frase Voy a un entierro, incluía connotaciones altamente sexuales. Hace un par de años mi profesor falleció, y, suerte o no, nadie asistió a su entierro.
10.- Estoy convencido que mi educación en las aulas no ha sido tan mala. Al menos hoy, escribo mucho más mejor que aller.
